No es casualidad que las personas, en ciertos momentos de su vida, busquen un determinado tipo de conversaciones o le pongan manifiesto interés a algunos diálogos propios o ajenos. Por ejemplo, aquellos que encuentran en la televisión, en los centros públicos, reuniones, etc.
Burrhus Frederic Skinner señala que este tipo de conductas se dan a causa del repertorio compartido entre los participantes en la interacción y el oyente de la misma, quien puede transformarse en un participante activo, de tener la oportunidad. Esto quiere decir, que las personas que suelen estar de acuerdo -según la conducta verbal- no es por causa de los argumentos persuasivos o retórica del hablante, sino por alguna experiencia similar que fue reforzada por su repetición, pasando a formar parte de la lista de mundos posibles que las personas construyen para analizar las intenciones, y predecir lo que se viene en el futuro.
Uno puede preguntarse, de estar de acuerdo con alguien, ¿por qué lo estoy?, ¿acaso vivimos algo similar? Esta observación deja en duda la eficacia del hablante al transmitir, porque condiciona el éxito del entendimiento con la coincidente vivencia de los interlocutores.

Un ejemplo de la relación instrumental, hacerse amigo o amiga de alguien, porque "conviene"; aceptar al yerno, porque tiene plata; aceptar los tragos del jefe -así uno no quiera- para ser estimado; reírse de la broma de alguien, porque es atractivo o atractiva, etc.
Si no existiese este problema, y la comunicación fuese sencilla de alcanzar, sería innecesaria el estudio científico de la comunicación, pero la realidad es que existe, lo único que falta es darle su lugar en la vida de las personas, como método de sanación para las relaciones sociales, es decir, como medicina. Las relaciones instrumentales resuelven para unos, pero destruyen a los otros, la comunicación demanda más habilidades, pero sin destruir a nadie, al contrario, para mejorar la sociedad.
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